Arquitectura tradicional asturiana: una mirada a la madera, el tiempo y la memoria

Hay lugares que no necesitan presentación. Aparecen al doblar un camino, detrás de una casa o entre la vegetación, y basta detenerse un instante para descubrir en ellos algo que permanece.

En mis paseos por Asturias me encuentro con frecuencia con edificaciones, estructuras y rincones que hablan de otra manera de entender los materiales y el paisaje. Madera, piedra, barro, hierro… materiales cercanos, utilizados durante generaciones y transformados por el tiempo.

En L.lar Diseño Circular, esa mirada hacia lo que permanece forma parte de mi manera de trabajar.

Una arquitectura nacida del territorio

La arquitectura tradicional asturiana está profundamente ligada al lugar. No se entiende sin sus materiales, sin el clima, sin los oficios y sin las necesidades de quienes la construyeron.

Los hórreos y las paneras son quizá algunas de sus expresiones más reconocibles, pero Asturias está llena de pequeñas construcciones, casas, cuadras, corredores, cierres y elementos de madera que forman parte de un paisaje cotidiano.

Son construcciones pensadas para durar. Y cuando una pieza deja de cumplir su función original, no necesariamente pierde su valor.

A veces, simplemente, necesita otra vida.

La belleza de una madera que ya ha vivido

Una de las cosas que más me atraen de estas construcciones es la madera.

El paso de los años deja marcas que ningún acabado industrial puede reproducir: grietas, cambios de tono, irregularidades, huellas de uso, vetas profundas y una textura que habla de su historia.

Por eso, cuando encuentro madera procedente de construcciones tradicionales que ya no puede volver a utilizarse para su función original, veo una oportunidad.

No se trata de borrar sus marcas ni de hacer que parezca nueva.

Se trata de conservar aquello que la hace especial y encontrar una nueva forma de ponerlo en valor.

Del patrimonio a un nuevo diseño

En L.lar recupero materiales y piezas para transformarlos en objetos y diseños contemporáneos.

La restauración, la ebanistería y la experimentación con distintos procesos me permiten trabajar desde el respeto por la materia, pero también desde la búsqueda de nuevas posibilidades.

Una madera centenaria puede convertirse en una mesa, un revestimiento, un elemento decorativo o formar parte de una pieza completamente diferente a aquella para la que fue concebida.

Ahí es donde para mí comienza el diseño circular: cuando el pasado no se desecha, sino que se incorpora al presente.

Mirar antes de transformar

Muchas veces, la inspiración está mucho más cerca de lo que parece.

Está en una fachada que envejece lentamente, en el entramado de madera de una construcción, en una puerta marcada por el tiempo o en la textura de un tablón que lleva décadas formando parte de un edificio.

Por eso me gusta caminar y observar.

Porque antes de transformar una materia necesito conocerla. Entender de dónde viene, qué ha vivido y qué posibilidades conserva.

Quizá esa sea una de las partes más bonitas de trabajar con materiales recuperados: nunca empiezas completamente desde cero.

Cada pieza trae consigo una historia.

Y mi trabajo consiste en escucharla, respetarla y darle una nueva forma.

Asturias como materia e inspiración

L.lar nace en Campomanes, en el concejo de Lena, en el corazón de Asturias.

Este paisaje forma parte de mi manera de mirar y, por tanto, también de mi manera de diseñar.

Trabajo con materiales del entorno siempre que es posible y encuentro inspiración en la tradición constructiva asturiana, en sus texturas, en sus formas y en esa manera tan particular de convivir con el paisaje.

No busco reproducir el pasado.

Busco descubrir qué puede seguir viviendo en él.

Porque una pieza con historia no tiene por qué quedarse en el pasado.

Puede convertirse en algo nuevo, contemporáneo y propio.

Y quizá ahí esté la esencia de L.lar Diseño Circular: transformar sin olvidar de dónde viene cada cosa.